En el ámbito de la economía pública, el concepto de déficit estructural ha ganado relevancia en las últimas décadas como una herramienta analítica esencial para distinguir entre los desequilibrios financieros temporales y aquellos que reflejan problemas fundamentales en las finanzas gubernamentales. A diferencia del déficit convencional, que varía significativamente con los ciclos económicos, el déficit estructural busca revelar la verdadera salud fiscal de un país, eliminando los efectos de las fluctuaciones económicas coyunturales.
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¿Qué es el Déficit Estructural?
El déficit estructural (también conocido como déficit subyacente o déficit ajustado cíclicamente) representa la parte del déficit público que persistiría incluso si la economía operara a su potencial máximo, es decir, en condiciones de pleno empleo y utilización óptima de los recursos productivos. Mide el desequilibrio entre ingresos y gastos del sector público que no es atribuible a las fases del ciclo económico, sino a decisiones de política fiscal discrecionales y a la estructura permanente del sistema tributario y de gasto.

La fórmula básica para entenderlo es:
Déficit Total = Déficit Estructural + Déficit Cíclico
Donde el déficit cíclico es la parte del déficit total explicada por la posición de la economía en el ciclo: durante recesiones, los ingresos fiscales disminuyen (menos impuestos por menor actividad) y el gasto en prestaciones sociales aumenta (como el desempleo), generando déficits cíclicos. En expansiones, ocurre lo contrario.
Características del Déficit Estructural
1. Independencia del ciclo económico
A diferencia del déficit convencional, el estructural se calcula eliminando los efectos automáticos del ciclo económico sobre ingresos y gastos. Esto permite comparar la posición fiscal de países en diferentes momentos del ciclo con mayor precisión.
2. Refleja decisiones de política fiscal discrecional
El déficit estructural captura el impacto de decisiones políticas conscientes sobre impuestos, subsidios, gasto social e inversión pública. Un aumento del déficit estructural indica generalmente una política fiscal expansiva deliberada (recortes de impuestos o aumentos de gasto permanente), mientras que una reducción señala políticas contractivas.
3. Indicador de sostenibilidad fiscal
Al aislar los componentes temporales del déficit, el estructural proporciona una mejor señal sobre la sostenibilidad a largo plazo de las finanzas públicas. Un déficit estructural elevado y persistente sugiere que, incluso en buenos tiempos económicos, el gobierno gastaría más de lo que ingresa, acumulando deuda de manera potencialmente insostenible.
4. Dificultades de medición
Su cálculo requiere estimar el PIB potencial (nivel de producción con pleno empleo) y las elasticidades de ingresos y gastos respecto al ciclo, lo que implica juicios técnicos y supuestos que pueden generar controversia entre economistas.
5. Utilidad para reglas fiscales
Muchos países y organismos internacionales (como la UE, el FMI o la OCDE) utilizan el déficit estructural como referencia para establecer reglas fiscales, ya que permite evaluar el cumplimiento de objetivos sin penalizar a países en recesión ni premiar artificialmente a aquellos en expansión.
Ejemplos Prácticos
Ejemplo 1: España durante la crisis financiera (2008-2013)
Durante este periodo, España experimentó un enorme aumento en su déficit público total, que superó el 11% del PIB en 2009. Sin embargo, parte significativa era déficit cíclico: la recesión redujo ingresos fiscales y aumentó el gasto en prestaciones por desempleo automáticamente. El déficit estructural también creció, pero menos abruptamente, reflejando tanto los estabilizadores automáticos como medidas discrecionales de estímulo fiscal. Posteriormente, las reformas fiscales y recortes de gasto buscaron reducir este componente estructural.
Ejemplo 2: Alemania y su “schwarze Null” (cero negro)
A partir de 2014, Alemania implementó una política de equilibrio presupuestario estructural, conocida como “schwarze Null”. Esto significaba que, ajustado por efectos cíclicos, el presupuesto federal no debería presentar déficit. Este enfoque en el déficit estructural permitió a Alemania permitir déficits cíclicos durante la pandemia COVID-19 sin violar sus reglas fiscales autoimpuestas, ya que estos se consideraban temporales.
Ejemplo 3: Países nórdicos y gestión contracíclica
Suecia, Dinamarca y Noruega han utilizado durante años el concepto de déficit estructural para guiar su política fiscal. Implementan objetivos de superávit estructural en tiempos normales (entre 0.5% y 1% del PIB), creando espacio fiscal para permitir que los estabilizadores automáticos operen completamente durante recesiones sin comprometer la sostenibilidad de la deuda.
Ejemplo 4: Chile y su regla de balance estructural
Desde 2001, Chile aplica una innovadora regla fiscal que fija como meta un balance estructural del 0% del PIB. Los ingresos se calculan ajustando los ingresos del cobre (principal exportación) por su precio tendencial, no el actual. Esto ha permitido al país ahorrar en tiempos de altos precios del cobre y gastar moderadamente en épocas de bajos precios, suavizando el ciclo económico y generando credibilidad internacional.
Implicaciones de Política Económica
El análisis del déficit estructural tiene importantes implicaciones:
Transparencia: Permite distinguir entre problemas fiscales temporales y estructurales, informando mejor el debate público.
Credibilidad: Los mercados financieros observan cuidadosamente el déficit estructural para evaluar la solvencia futura de un país, ya que indica la tendencia subyacente de las finanzas públicas.
Espacio fiscal: Un déficit estructural bajo o un superávit estructural proporciona “espacio fiscal” para responder a crisis futuras sin recurrir a recortes abruptos o aumentos de impuestos.
Justicia intergeneracional: Un déficit estructural persistente implica que la generación actual está consumiendo bienes y servicios financiados con deuda que deberán pagar generaciones futuras.
Críticas y Limitaciones
El concepto no está exento de críticas:
La estimación del PIB potencial es notoriamente incierta y sujeta a revisiones.
Puede subestimar la necesidad de estímulo fiscal durante recesiones profundas y prolongadas.
En economías con altos niveles de informalidad, las estimaciones son particularmente difíciles.
Algunos economistas argumentan que enfocarse excesivamente en el déficit estructural puede llevar a políticas procíclicas perjudiciales.
Conclusión
El déficit estructural es una herramienta poderosa para analizar la política fiscal, pero no debe considerarse de forma aislada. Proporciona información valiosa sobre la posición fiscal subyacente de un país, pero debe complementarse con otros indicadores como el nivel de deuda pública, los pasivos contingentes (como pensiones) y los desafíos demográficos futuros.
En un mundo de creciente volatilidad económica y desafíos estructurales como el envejecimiento poblacional y la transición ecológica, entender y gestionar adecuadamente el déficit estructural será crucial para mantener la estabilidad macroeconómica y garantizar la sostenibilidad de los estados de bienestar en las próximas décadas. La clave está en encontrar el equilibrio entre disciplina fiscal para no comprometer el futuro y flexibilidad suficiente para responder a shocks inesperados y promover el crecimiento inclusivo.
