A comienzos de la década de 1970, el sistema monetario internacional creado en Bretton Woods en 1944 atravesaba una crisis terminal. La sobrevaloración del dólar, la inflación estadounidense y la fuga de reservas de oro hacia el extranjero habían erosionado la confianza en el sistema de tipos de cambio fijos. En agosto de 1971, el presidente Richard Nixon suspendió unilateralmente la convertibilidad del dólar en oro, una medida conocida como el “shock Nixon” que sacudió los cimientos de la economía mundial.
La respuesta de las principales potencias económicas fue reunirse en diciembre de ese mismo año en el Smithsonian Institution de Washington D.C., dando lugar al Acuerdo de Smithsonian. Este pacto, que pretendía restaurar la estabilidad cambiaria y salvar el sistema de Bretton Woods, se convirtió en un hito histórico: fue el primer acuerdo en el que los tipos de cambio de las principales divisas se negociaron en una mesa de conferencias. Sin embargo, su fracaso apenas quince meses después marcó el inicio de la era de los tipos de cambio flotantes que rige hasta hoy.
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¿Qué es el Acuerdo de Smithsonian?
El Acuerdo de Smithsonian fue un convenio monetario internacional firmado el 18 de diciembre de 1971 por los países del Grupo de los Diez (G-10): Bélgica, Canadá, Francia, Alemania Occidental, Italia, Japón, Países Bajos, Suecia, Reino Unido y Estados Unidos.
Su objetivo central era restablecer un sistema de tipos de cambio fijos, pero con mayor flexibilidad que el de Bretton Woods, mediante la fijación de nuevas paridades cambiarias y la ampliación de las bandas de fluctuación permitidas.
En esencia, el acuerdo supuso una devaluación del dólar frente al oro y frente a las principales monedas, al tiempo que creaba un nuevo estándar basado en el billete verde, al cual las demás divisas quedaron vinculadas.
Historia y contexto
El sistema de Bretton Woods, establecido en 1944, se basaba en un patrón oro-dólar: las monedas estaban fijadas al dólar, y este era convertible en oro a un precio fijo de 35 dólares por onza. Sin embargo, el creciente déficit comercial y fiscal de Estados Unidos —agravado por los gastos de la guerra de Vietnam y los programas sociales de la Gran Sociedad— provocó que la cantidad de dólares en circulación superara ampliamente las reservas de oro estadounidenses.
Para 1971, la situación era insostenible: los especuladores vendían dólares masivamente y los bancos centrales extranjeros canjeaban sus reservas por oro. El 15 de agosto de 1971, Nixon cerró la “ventana del oro”, poniendo fin a la convertibilidad directa y dejando al dólar como una moneda fiduciaria.

Ante el caos monetario, el Fondo Monetario Internacional instó a negociar nuevas paridades. Tras meses de tensiones, los representantes del G-10 se reunieron en el Smithsonian Institution los días 17 y 18 de diciembre de 1971. El resultado fue un acuerdo que Nixon calificó como “el acuerdo monetario más importante de la historia mundial”, aunque su fragilidad pronto quedaría al descubierto.
Características principales
El Acuerdo de Smithsonian introdujo varios cambios sustanciales en el sistema monetario internacional. En primer lugar, se devaluó el dólar en un 8,5% respecto al oro, elevando el precio oficial de la onza de 35 a 38 dólares. En segundo lugar, las demás monedas del G-10 se revaluaron frente al dólar en distintas proporciones: el yen japonés subió un 16,9%, el marco alemán un 13,6%, y el franco francés y la libra esterlina un 8,6% cada uno.
En tercer lugar, se ampliaron las bandas de fluctuación permitidas alrededor de las nuevas paridades, pasando del ±1% del sistema de Bretton Woods a un ±2,25%. Finalmente, el acuerdo no restauró la convertibilidad oficial del dólar en oro, lo que en la práctica consolidó el papel del dólar como moneda de reserva fiduciaria.
Ventajas del acuerdo
Entre las principales ventajas del Acuerdo de Smithsonian destacan, en primer lugar, la preservación temporal de la cooperación monetaria internacional. En un momento de máxima incertidumbre, los países más ricos del mundo lograron sentarse a negociar y alcanzar un consenso, evitando una guerra de devaluaciones competitivas que habría tenido consecuencias devastadoras para el comercio global.
En segundo lugar, el acuerdo proporcionó un marco de estabilidad cambiaria que, aunque breve, dio a las empresas y a los gobiernos un respiro para adaptarse a la nueva realidad económica. En tercer lugar, la ampliación de las bandas de fluctuación introdujo un elemento de flexibilidad que reconocía las limitaciones del sistema anterior y sentó un precedente para la posterior transición hacia tipos de cambio más flexibles.
Desventajas y fracaso
Las desventajas del Acuerdo de Smithsonian fueron numerosas y, en última instancia, determinaron su colapso. La principal fue que no abordó las causas estructurales de la crisis: el déficit exterior estadounidense y la falta de un mecanismo de ajuste efectivo continuaron ejerciendo presión sobre el dólar.
Además, la devaluación del dólar no fue suficiente para corregir el desequilibrio comercial de Estados Unidos, y los especuladores pronto volvieron a atacar la moneda. La ausencia de un compromiso firme por parte de Estados Unidos para restaurar la convertibilidad del dólar en oro restó credibilidad al sistema. Finalmente, en febrero de 1973, Estados Unidos devaluó unilateralmente el dólar otro 10%, elevando el precio del oro a 42 dólares por onza, lo que provocó que las principales monedas abandonaran las paridades fijadas y pasaran a flotar libremente. El sistema de Bretton Woods había muerto definitivamente.
Conclusión
El Acuerdo de Smithsonian representa un capítulo fascinante y aleccionador en la historia monetaria internacional. Fue un intento desesperado por salvar un sistema que ya había sido minado por sus propias contradicciones internas. Aunque logró una efímera estabilidad y demostró la capacidad de los países para negociar colectivamente, su fracaso evidenció que ningún acuerdo cambiario puede sostenerse sin resolver los desequilibrios económicos de fondo. Su legado más duradero fue abrir el camino hacia el actual sistema de tipos de cambio flotantes, que, con todas sus imperfecciones, sigue siendo el marco en el que se desenvuelve la economía global.
