La flotación dirigida, también conocida como flotación sucia o tipo de cambio flotante administrado, es un régimen cambiario en el que el valor de la moneda de un país se determina principalmente por la oferta y la demanda en el mercado de divisas, pero con la particularidad de que el banco central interviene de forma ocasional y estratégica para influir en su cotización.
Se trata, por tanto, de un modelo híbrido que se sitúa en un punto intermedio entre el tipo de cambio fijo, donde el valor de la moneda está anclado a otra divisa o a una cesta de monedas y la flotación libre o limpia, donde el banco central no interviene en absoluto y el tipo de cambio fluctúa únicamente por las fuerzas del mercado.
Contenidos de este artículo
¿Qué es la flotación dirigida?
En un sistema de flotación dirigida, la autoridad monetaria, generalmente el banco central, permite que el tipo de cambio se mueva libremente en el día a día, pero interviene activamente en el mercado cambiario cuando lo considera necesario. Estas intervenciones no siguen una trayectoria predeterminada ni se anuncian con antelación; son de carácter discrecional y se basan en indicadores como el saldo de la balanza de pagos, el nivel de reservas internacionales o la evolución del mercado paralelo.

El objetivo principal de esta intervención no es fijar un valor concreto para la moneda, sino moderar su volatilidad y evitar fluctuaciones excesivas que puedan generar incertidumbre en la economía.
El banco central actúa como un “amortiguador”: compras divisas cuando la moneda local se está apreciando en exceso y las vende cuando se está depreciando de forma abrupta, tratando de “remar en contra de la corriente” para suavizar los movimientos bruscos.
Características principales
La flotación dirigida presenta una serie de rasgos distintivos que la diferencian de otros regímenes cambiarios:
- Intervención selectiva y no sistemática: A diferencia del tipo de cambio fijo, donde la intervención es constante para mantener un valor predeterminado, en la flotación dirigida el banco central actúa solo cuando lo estima oportuno. No existe un compromiso explícito de defender un nivel de cambio concreto.
- Flexibilidad con estabilidad: El tipo de cambio puede fluctuar, lo que permite que la economía se ajuste automáticamente a los shocks externos (como cambios en los precios de las materias primas o en los flujos de capital). Sin embargo, la intervención ocasional ayuda a contener la volatilidad excesiva, proporcionando un entorno más predecible para los agentes económicos.
- Discrecionalidad de la autoridad monetaria: Los criterios para intervenir no son automáticos ni públicos. El banco central goza de un amplio margen de maniobra para decidir cuándo, cómo y en qué magnitud actuar en el mercado de divisas, lo que le otorga una herramienta poderosa para la estabilización macroeconómica.
- Régimen intermedio: La flotación dirigida se ubica en la franja media del espectro cambiario. Ofrece parte de la predictibilidad de un tipo fijo y parte de la flexibilidad de un tipo flotante, por lo que es el régimen más común entre los países del mundo.
- Ausencia de una trayectoria predefinida: A diferencia de otros sistemas intermedios como las bandas cambiarias o las paridades móviles, en la flotación dirigida no se establece de antemano un rumbo o un objetivo numérico para el tipo de cambio. Las intervenciones responden a condiciones de mercado específicas y no a una meta fija.
Ejemplos de flotación dirigida
El caso más citado en América Latina es el de Perú. El Banco Central de Reserva del Perú aplica un régimen de flotación sucia que ha sido clave para mantener la estabilidad del sol peruano, considerado una de las monedas menos volátiles de la región. La entidad interviene en el mercado comprando o vendiendo dólares para evitar fuertes fluctuaciones, lo que ha contribuido al llamado “milagro económico peruano”.
Otro ejemplo histórico es el de Costa Rica. En marzo de 1992, el Banco Central decidió liberalizar el régimen cambiario y reemplazar el sistema de minidevaluaciones por un sistema de flotación dirigida. Esta transición permitió una mayor flexibilidad cambiaria sin renunciar por completo a la capacidad de intervención estatal.
En el ámbito internacional, Taiwán (República de China) también ha operado con un régimen de flotación dirigida que le permite flexibilidad cambiaria al tiempo que interviene en el mercado de divisas para estabilizar su moneda. Asimismo, países como Egipto e Irán han transitado hacia regímenes de flotación dirigida como parte de la apertura de sus economías.
Ventajas y desventajas
Entre las principales ventajas de la flotación dirigida destacan una mayor predictibilidad para exportadores e importadores, que pueden planificar sus negocios con más certeza; la capacidad de atenuar shocks externos, amortiguando el impacto de crisis o turbulencias financieras internacionales; y un menor compromiso de reservas que un tipo de cambio fijo, ya que no exige defender un nivel de cambio en todo momento.
Sin embargo, también presenta desventajas notables. El tipo de cambio no refleja al cien por cien la situación real de la economía, ya que la intervención distorsiona las señales del mercado. El banco central debe destinar recursos —tiempo, personal y reservas— a las operaciones de intervención. Además, la discrecionalidad de las intervenciones puede generar incertidumbre sobre las reglas del juego, especialmente si los agentes económicos no logran anticipar la actuación de la autoridad monetaria.
En definitiva, la flotación dirigida es un régimen cambiario que busca conciliar dos objetivos a menudo contrapuestos: la estabilidad y la flexibilidad. Su éxito depende en gran medida de la credibilidad, la transparencia y la capacidad técnica del banco central para gestionar las intervenciones de manera oportuna y proporcionada. Por esta razón, es el modelo elegido por la mayoría de las economías del mundo que no optan ni por la rigidez de un tipo fijo ni por la volatilidad de una flotación completamente libre.
